Georges de Nantes.
Doctor místico de la fe católica

24. UNA CATEDRAL DE LUZ 
(1994-1996)

EN julio de 1993, nuestro Padre se vio propuesto por el Sagrado Corazón de Jesús un trato. En efecto se lee en su cuaderno falangista[1], con fecha 4 de julio: “Ayer, 3 de julio de 1993, quedé interiormente muy trastornado por una especie de mercado que me era propuesto, o sea impuesto por mi único Maestro y Salvador, mi Santa Madre participando de ambos lados, del Suyo y del mío: en vez del martirio ahora, veinticinco años de vida para dar fruto, pero con la condición que ésta ya sea una especie de muerte corporal cuya manera debe sacarse de la consagración formulada por la Madre María del Divino Corazón.

¡Ahí está! Es todo, es breve. Dije .”

Del suyo”: En efecto ¿qué hay en el Sagrado Corazón de Jesús, conjuntamente al amor de su Padre? El amor de su Inmaculada Concepción, santuario de su Espíritu Santo de amor creador.

Del mío”: este amor ya incendiaba el corazón de nuestro Padre. Pero recibió una nueva llama cuando, en Canadá, el 22 de agosto siguiente, fiesta del Corazón Inmaculado de María, al darle el hábito a nuestro hermano Gabriel de San Juan y estimulado sin duda por el ejemplo de su santo Patrón, fray Gabriel Mossier, tomó la libertad de recitar el rosario de una manera más tierna, cambiando el tradicional 'Dios te salve María' en '¡Yo te amo María! Llena eres de gracia…' Nuestros hermanos y hermanas de allá, y los amigos presentes a la ceremonia, se pusieron a recitar el rosario con ese '¡Yo te amo María!' que incendiaba su corazón, y nosotros también. Tantos Aves, tantos actos de amor, como un hijo que cubre a su madre con mil besos para consolarla de tantas injurias que le hacen los que no la aman.

Pero lo que nuestro Padre llamará “la invención más piadosa de mi vida y la más maravillosa”[2] no le convenía al diablo cuya enemistad contra la Inmaculada está siempre en guardia, listo para morderle el talón. Tan pronto empezaron grandes y terribles ataques contra nuestras casas y contra la CRC, que culminaron en 1996.

LA INMACULADA NOS PRESERVA DE LA GNOSIS ANTICRISTO.

“Apartas nuestras miradas de la seducción de la Serpiente, escribía ya el Padre de Nantes en pleno Concilio. Tu secreto es el de una Criatura olvidadiza de sí misma y conservada para Dios sólo, que Dios ha magníficamente exaltado. Tu lección nos salva de los espejismos del Anticristo quien te es totalmente contrario. Eres la Esposa de las bodas eternas, cuando él pretende reducirnos a la esclavitud de la Ciudad terrestre.[3]

El 7 de octubre de 1993, el papa Juan Pablo II firmaba una nueva encíclica con el título seductivo: 'Veritatis Splendor'. Que debería más bien llamarse 'Erroris horror', se exclamaba nuestro Padre. Porque se trataba para el Papa de persuadir a la Iglesia entera de adherir a su nueva 'moral del Hombre', reconciliando dialecticamente la Libertad moderna con la Verdad divina de siempre. “Para vencer, escribía el Padre de Nantes, el Papa tiene esta pieza maestra que cabe en estas extrañas palabras: 'La verdad da su forma a la libertad.' Piensa que son palabras divinas, yo las considero satánicas”. Y lo demostraba en dos boletines de la CRC[4]. Duelo teológico grandioso, decisivo, de cuyo desemboque dependen la vida o la muerte eterna de millones de almas.

Al mismo tiempo, nuestro Padre se aplicaba en edificar una teología mística que responda positivamente a los errores, a los silencios, a las trampas de esta gnosis satánica, con la exposición atrayente, 'engosolinante', de todos los bienes divinos y humanos puestos a nuestra disposición por la fe y la moral católicas, a fin que las almas tengan alimento divino en sobreabundancia y que nadie desfallezca en camino.

CIRCUMINCESANTE CARIDAD DIVINA.

Foto del altar de la Casa San José.
Circumincesante caridad que nos permite adentrarnos en la Cruzada eucarística y marial:
¡Oh amor, amor, amor!
¡En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! Padre Nuestro que estás en los cielos ¡oh! ¡qué regocijo el nuestro, con un ardor sin igual, al ahora tener en el cimacio de nuestra capilla, esta maravillosa escultura de tilo cubierta con hoja de oro, en la que cautivas nuestras miradas con tu dulce bondad y belleza, agachado hacia nosotros, creaturas de nada, con una solicitud incomparable, maternalmente paterna! Aún más, mientras que con tu mano izquierda nos invitas a tomar el camino para alcanzarte, nos muestras con la derecha a la Virgen María ¡tan triste y angustiada por la impiedad de los hombres! y al mismo tiempo esa mano nos muestra también a nuestro prior. Tus ojos dejan una mirada de amor y connivencia  infinitos deslizarse hacia Ella, y hacia él para sepamos que nada viene de Ti que no haya sido alcanzado por Ella... (Carta a la Falange n° 52, nov.1995)

Tal fue el tema del retiro que nuestro Padre predicó en 1993[5], en el que nos mostró que el amor infinito que circula sin cesar entre las Tres Personas divinas, brotando del Padre al Hijo y de su común principio al Espíritu Santo, encuentra su 'estanque de acumulación' en el Corazón Inmaculado de María, para siempre, la Madre de todos nosotros. Y es en este Corazón tan tiernamente propuesto a nuestra sed, que tenemos acceso por medio de la caridad fraterna a la Vida divina, que volvemos a la Fuente de la gracia y de la gloria, “en el seno del Padre, en la única Sabiduría filial y el Amor espiritual[6].

De ese modo la teología mística de nuestro Padre se encuentra admirablemente confortada por la revelación más conmovedora, más alentadora también para las almas humildes, del mensaje de la Virgen de Fátima, cuando prometió el 13 de junio de 1917 a Lucía: Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te  llevará a Dios.”

Nuestro Padre confiará: “Me parece que este retiro de otoño, en el otoño de mi vida, es como una vendimia de los mejores frutos de nuestra vid: 'Mi doctrina no es mía', debería yo decir, ¡y con cuánta más razón que Jesús lo decía en homenaje a su Padre! Sólo tuve que pillar la Sagrada Escritura y los tesoros infinitos de la Tradición.[7]

Enseñanza que nuestro Padre supo volver accesible a cada uno, y sobre la cual volverá en 1997 y 1998.

EL CAMINO ESTRECHO.

Angustiado por la agravación de la herejía, de la apostasía, de la inmoralidad, y por la potencia del mal infiltrándose en el seno de las familias mejor protegidas, el Padre de Nantes no temía escribir:

“Ningún alma, ninguna familia, ninguna institución, ninguna  orden religiosa, tan prestigiosa como sea, Carmelo, Cartuja, franciscanos o jesuitas, podrán subsistir y adquirir la vida eterna conformándose en obedecer a todo lo que viene de la Autoridad eclesiástica, ciegamente, cómodamente, 'prefiriendo los honores que vienen de los hombres al que viene de Dios' (Jn 12,46). Así la Contra Reforma católica es la única puerta y el camino estrecho que lleva a la Vida, mientras que el reformismo conciliar, liberal o extremista es el camino angosto y la puerta abierta a la perdición [...].

“Claro está que aquí no hablo de la Contra Reforma católica en el sentido estrecho de nuestra Falange, de nuestra Liga CRC, de nuestra 'capilla' ¡y mucho menos de nuestro 'changarro'! No soy del parecer que se marche uno, por disentimiento doctrinal o litúrgico, de la sociedad religiosa, de la parroquia, de la diócesis, ¡mucho menos de la Iglesia romana! en la que fuimos primero recibidos y donde nos hemos comprometido sobre los Evangelios. ¡No! Mas por falta de poder persuadir a su padre,  su superior, su madre, sus hermanas, de volver a la verdadera fe, permanece la necesidad vital de no dejarse resbalar perezosamente, inconscientemente en el ambiente de la libertad religiosa y de los derechos humanos, acordándose que la gracia de Dios es eficaz a quien la pide pero que hay que corresponderle para alcanzar así su salvación, dolorosamente.

“Porque la gran verdad de la cual asumimos voluntariamente el cargo, es que nadie, ninguna institución, ninguna nación puede agradar a Dios, a su Hijo Jesucristo ni a la Virgen María, y entonces ser bendecido en este mundo y salvado en el otro, si participa a este sistema de intolerancia  y obstinación en el error que jala a la apostasía. Practicar el culto del hombre, profesar el respeto de su dignidad inamisible y sus derechos, imponerse a sí mismo, y a los demás, el principio impío de la Libertad, y sobre todo, de la libertad religiosa, es naufragar en la fe e injuriar a Dios mortalmente. Cada uno de nosotros, entendiendo el insulto hecho a Dios en esta idolatría del hombre y la mentira grotesca que constituye, estará listo a derramar su sangre en vez de abrasar semejante locura. Con ello pueden medir de cuanta importancia es la obra a la cual estamos clavados, encadenados como los galeotes a su banco de remadores, y ustedes, a título de compañeros de cadena, benévolos...

“La otra verdad de la cual somos los heraldos voluntarios es igual de insoportable a los oídos de nuestros contemporáneos, y sin embargo es la transcripción de un hecho evidente. Es que todos los males de los cuales sufre la humanidad, a todos los niveles, en todos los países y en todos los campos, –¡esos males que ahora los alcanzan, y hieren y agobian mortalmente!– encuentran su primera causa en ese desprecio de Dios y esta adulación del Hombre y de su libertad, bajo los nombres infames de democracia, de ecumenismo, de laicismo y de fraternidad universal. La salvación de la nación, el desenlace de nuestras crisis sociales, el regreso al orden mínimo de nuestras familias, de nuestras escuelas, de nuestros hospitales, de nuestros tribunales, la reanimación de una vida económica moribunda aquí y salvaje allá, todo depende de la adoración del único verdadero Dios, Jesucristo, y al incendio de gigantescos autodafés donde desaparecerán en las llamas todos los ornamentos y los despojos de los estandartes y de los trapos de la revolución, de la emancipación, de la democracia. '¡La libertad, o la muerte!' gritaban los adeptos de Robespierre y de Danton. La verdad, aquí la tienen: ¡Semejante Libertad, es la muerte![8]

René Bazin escribía a propósito del Padre de Clorivière: “Los únicos hombres útiles en las revoluciones son aquellos que no les otorgan nada: todos los demás se dejan burlar por ella.” El Padre de Nantes forma parte de los que la Revolución en la Iglesia “nunca engaño, y de los que, mucho más escasos, saben que no se puede engañarla: es necesario combatirla y derribarla[9]”.

¿Derribarla? Sí, pero con el socorro de la Inmaculada.

PEREGRINACIÓN RUMBO A FÁTIMA.

En el mes de mayo de 1994, bajo el título 'La liga irá en peregrinación a Fátima el 13 de octubre de 1996 ', el Padre de Nantes le anunciaba a sus amigos: “El 13 de mayo, se me ocurrió la idea, a la cual consentí con el mismo impulso que lo inspiraba en mi alma, de prometerle al Corazón Inmaculado de nuestra divina Madre ir el 13 de octubre de 1996 en peregrinación a Fátima, lo que, siendo el único de nuestras comunidades, que todavía no la ha hecho, viéndome impedido por mi cesación a divinis […]. Muerto o vivo, iré.”

Y se preguntaba: “Estar incitado a ir a Fátima ¿por qué? ¿y a esa fecha tan lejana de 1996? No lo sé. Mas una súbita alegría me invadió al decirlo, que me hizo recitar, en un ímpetu de acción de gracias y de disponibilidad total y definitiva, esta extraña oración.”

En efecto sorprendente, mas tan reveladora del alma mística de nuestro Padre y de su inhabitación por el Espíritu Santo:

En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
Por medio de la Toda Santa Inmaculada Virgen María Madre de Dios
Desde el principio, Era, Es, Viene,
El Señor Jesús, nuestro Rey
Por los siglos de los siglos, ¡así sea!
¡Hosana! ¡Ven Señor Jesús! ¡Aleluya!
Al beneplácito, a la felicidad, a la gloria de nuestro Padre,
¡Amen!
Yo te amo, María llena eres de gracias,
El Señor es contigo.
Iré,¡iré pues! y mientras tanto
Viviré en todo momento como estando ya en camino a Fátima
Voy a entusiasmar a tus buenos siervos y siervas
Y a todos los que te aman
Que vengan a tus pies, oh Madre querida, a tus rodillas
Para apegarnos a tus órdenes, a tus peticiones, a tus deseos,
Filialmente sumisos desde ahora,
Y hasta el Ángelus del mediodía, hora bendita, de ese 13 de octubre de 1996.
¡Así sea![10]

“Esta peregrinación, agregaba nuestro Padre, es una promesa, al que le abre su corazón, de tesoros espirituales desde el primer instante, después y hasta el término de esta peregrinación de devoción y consagración al Corazón Inmaculado de María, por la conversión de los pecadores que somos y que ya no queremos ser, y la salvación del mundo para el reino indiviso de los sagrados  Corazones de Jesús y de María sobre el mundo entero.”

Anunciaba como una Cruzada, que emprender “con plena sabiduría, contra el demonio, contra el mundo y contra nosotros mismos, en Nombre de la Inmaculada Madre de Dios, mediadora, auxiliadora”, como “un llamado íntimo a tomar la medida de los acontecimientos que atravesamos [...]. En los treinta meses que vienen, un mundo va desaparecer, otro va a nacer... ¡el de María!” Después de haber fijado lo que estaba en juego, insistía sobre las dificultades: “Es como el embarque resuelto, firmado, efectuado por treinta meses de sumersión profunda y de navegación sin escala, sabiendo solamente que 'el buque' saldrá libre, por protección especial de la Virgen, a las granadas, a las torpedos, a todas las averías, y que así llegará hasta buen puerto, los marineros y pasajeros sanos y salvos, por pura gracia de Dios.”

Sobre el momento, no podía uno no quedar impresionado por la gravedad, la solemnidad del tono, y el amplitud de los preparativos. Hoy, se lee ahí el presentimiento inspirado del drama que viene: en efecto, 1996 será el año de todos los peligros, desde la inscripción por el Estado republicano de las comunidades de los Hermanitos y Hermanitas del Sagrado Corazón en la lista de las 'sectas peligrosas' hasta la reclusión de nuestro Padre en la cárcel de Iglesia, tras un chantaje al escándalo mediático. La peregrinación se hará, pero sin él.

Es decir, el lugar privilegiado de su preparación, a lo que será para el Padre de Nantes el principio de su subida al Calvario. En aquel entonces no lo sabíamos.

CORAZÓN A CORAZÓN EUCARÍSTICO Y MARIANO.

Esta devoción, a la vez nueva y antigua, fue el sello del retiro que nuestro Padre predicó en el otoño 1994 sobre la Misa explicada a los sencillos y a los místicos, ¡no a los sabios y a los grandes[11]! Nos hizo adentrar en este 'misterio de fe', explicándonos la importancia del ofertorio y el gran milagro de la transubstanciación.

Ya nada ni nadie podrá arrancarnos del alma esas tres verdades que su enseñanza inscribió en ella con letras de oro:

“1° Es a Jesús que veo, que me como, que toco.

“2° Es él mismo en Persona en su sacrificio.

“3° Me abraza en la comunión, su Cuerpo a mi cuerpo, para 'rehacerme', según su promesa.[12]

Los meses siguientes y hasta enero de 1995, nuestro Padre proseguirá en hacernos meditar sobre el 'Corazón eucarístico de Jesús y María'.

“Dos preocupaciones en Jesús y en la Virgen María: Salvarnos por sus sufrimientos y permanecer entre nosotros para distribuirnos sus beneficios. El Corazón eucarístico de Jesús, es descubrir que hay en él, y hasta el fin del mundo, una tal preocupación de salvarnos que vuelve sobre todos los altares a reiterar su sacrificio, para distribuirnos su fruto. ¡Es eso la Misa! [...] Es la oración de Jesús a su Padre para perdonarnos.[13]

HISTORIA VOLUNTARIA DE SANTA FRANCIA: LA GRAN GUERRA.

A lo largo de aquel año 1994, nuestro Padre emprendió un estudio que hoy hace regla, abarcando la “ 'guerre de 14' ”, mal preparada, tan mal entablada, ganada de panzazo en 1918 por el heroísmo de nuestros soldados y de sus mejores jefes; para una paz perdida tan pronto...[14]

El 11 de noviembre de 1994, el Padre de Nantes organizó una jornada del recuerdo francés[15], para rendir honor a nuestros 'Mayores'. Todos conservaron de ella “la impresión profunda, como de una resurrección de estos héroes cristianos olvidados, desconocidos, y la revelación tardía de esta gran tragedia ocultada...[16]

EL HILO PERDIDO...LA ORTODROMÍA RECOBRADA.

En enero de 1995, nuestro Padre nos confesó, y la confesión está escrita en la Liga[17]: “Mudo de espanto...perdí el hilo.” ¿Él? Quien, después de cuarenta años y más, velaba en las murallas, buscando “algún bien, alguna buena noticia que pueda reanimar la esperanza. Y no me atreví a constatar, de viva voz, que nada se mostraba que pueda contradecir esta decadencia, frenar esta caída del mundo, nada en ningún país, en ninguna institución humana, en ningún proyecto político, en ninguna gnosis inédita, fuera de los cuentos americanos u orientales. ¡Nada ni nadie! Ningún padre, ningún jefe, ningún maestro, ningún santo.” Estaba pues obligado a constatar: “La ortodromía que gobierna al mundo y conduce en principio la navegación recta y santa de la Iglesia a través de los milenarios, hacia el puerto deseado del Reino eterno, ya no está asegurada, las Promesas fallan, el hilo se pierde.”

Es entonces que, en esta angustia lancinante, ante el espectáculo de la caída del mundo la verdad trágica del mensaje de Fátima se impuso a él, más actual que nunca: “Nos es necesario volver a este Mensaje, el más considerable de toda la historia cristiana, probado por el milagro del sol, el más grande de toda la historia del mundo desde la resurrección de Cristo, atestiguado por la más divina y misericordiosa criatura, la bienaventurada Virgen María.” Pero esta es la novedad: “Y, abandonando toda sabiduría humana, toda presunción, toda vana pasión, abrazar esta lección soberana por lo concerniente a nuestra salvación. No queda de otra, desde entonces, más que prosternarse ante Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sometiéndonos a sus terribles juicios y esperando en sus infinitas misericordias.”

He aquí el hilo recobrado: el secreto de la divina ortodromía pasa, en estos tiempos que son los últimos, por la boca y el Corazón Inmaculado de María.

EL EVANGELIO DE NUESTRA SEÑORA.

Primera revelación: el infierno en la tierra. Claro, conocemos, o creemos conocer: “Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores...”

Por primera vez, nuestro Padre reúne la visión que espantó a los pastorcitos a la de los horrores de nuestro mundo:

“Me atreví a considerar nuestra sociedad actual con los ojos de mi Madre celestial: todo por doquier, alrededor de nosotros, en este mundo donde reina un ateísmo agresivo, un laicismo que hace estragos, donde nos timpaniza una propaganda obsesiva contra todas las virtudes, en favor de todos los crímenes, esa gente que se pregona en el mal, enemigos declarados de Dios y de su Iglesia, son ellos, los 'pobres pecadores' que lamenta dulcemente la Virgen María, porque son los condenados de mañana que, ya hoy, aquí cerca de nosotros, se van al infierno [...].

“El infierno ya está entre nosotros, todavía gozoso e insolente, insultante, perseguidor, desafiando a Dios, en tantos lugares, en tantas almas. Pero la visión de Fátima ya nos muestra el atroz, el indecible castigo, dolor, desesperación, que está sobre esos impíos, sin ninguna luz ni amor, ni ningún alivio. Y Dios mira, entristecido, este mundo ya condenado, por el cual Cristo no rezó.

“Es cierto que en medio de ellos, almas santas, predestinadas, ofrecidas como víctimas de amor y de misericordia, rezan, se sacrifican, sufren y salvan todavía ciertas almas perdidas, por el ardor de su caridad”, pero, constata nuestro Padre “no es suficiente para mañana hacer una Cruzada victoriosa”. ¿Entonces?

Segunda revelación: el purgatorio aquí en la tierra. Esta revelación “concierne nuestros asuntos terrestres. Todavía no es el infierno, ¡pero es al menos nuestra tierra cambiada en purgatorio! Y de repente encontramos ahí un interés prodigioso: la profecía conforta nuestras propias búsquedas históricas.”. Entonces aparece de nuevo la ortodromía fundada sobre la autoridad divina. El 13 de julio de 1917, la Gran Guerra está a todo lo que da. Nuestra Señora se apiada de nuestros soldados: “La Guerra va terminar', nos anuncia. Sí, pero, “al menos que haya una heroica reacción nacional, y entonces moral”, otra guerra saldrá del 'nefasto tratado' (Bainville[18]). “Pero si no dejan de ofender a Dios, bajo el reino de Pío XI, empezará otra peor.”

Nuestro Padre conoció eso: después de la nefasta paz de 1919, el regreso del anticlericalismo, el rearmamento alemán, la invasión de Europa, otra guerra, peor que la primera, sumada de una revolución bolchevice inundando el mundo con su anticolonialismo, su terrorismo, su militantismo ateo, cruel u satánico. “Para impedirlo, había dicho la Virgen, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la devoción a los cinco primeros sábados del mes.[19]” La jerarquía permaneció sorda, entonces la profecía se cumplió inexorablemente: “Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán destruidas”.

Después la profecía se calla. Todo está dicho. “Es un purgatorio terriblemente actual del cual el mismo Cielo parece no ver su término.” ¿Cómo pues seguir las actualidades? Se pregunta nuestro Padre. Se acabó el tiempo en que, de una Mutualidad a la otra, él mismo analizaba los acontecimientos (saber), anunciando las consecuencias (prever), a fin de organizar una política para con ellas, afable u hostil (proveer). Esta alegría de la inteligencia y el orgullo de servir útilmente a su país, a su Iglesia, nos es quitado. No tenemos agarre alguno, “en un género humano sin Dios, sin Cristo, sin Revelación evangélica, sin inteligencia espiritual, sin pasado, mas tan sólo robótico, electrónico, sin conciencia moral”.

“Ahí es justamente donde reside la importancia de nuestro segundo secreto. Durante esos duros momentos, en los que el hilo parece perdido, no estamos de ningún modo encargados por la Santísima Virgen, de hablar, de decidir, de actuar en este caos de los pueblos y de las religiones, sino tan sólo de tener piedad y de rezar, reparar y expiar para obtener la gracia del Cielo que sólo nos da en fin la paz en la tierra y la salvación del Cielo. Ignorando todo el resto, sabemos qué medios de devoción [comunión reparadora de los primeros sábados de mes, rosario, escapulario, consagración de Rusia], en sí mismos tan pequeños, ¡tan desproporcionados con los inmensos asuntos del mundo! serán los activadores del perdón divino y de la salvación de todo y de todos. Es el beneplácito de nuestro queridísimo Padre Celestial que los ha establecido, y es nuestra Madre Divina que nos los recuerda por su mensajera.”

He ahí lo que nos vuelve “actores conscientes, resueltos, pacientes y perseverantes de la salvación del mundo. ¡Qué los incrédulos se rían! qué todo el mundo nos ignore. Es nuestro purgatorio sufrir esos desprecios y esas persecuciones, pero contemplamos de más alto la actualidad en la que los demonios y los condenados se activan para su perdición, desde el trono de María, nuestra Reina.” La vida aquí en la tierra vuelve pues a encontrar  un sentido, una ortodromía. En la carrera mística del Padre de Nantes y de su Falange, esta resolución fue una vuelta que vendrá perfeccionar, después de la tormenta de 1996, nuestra consagración absoluta a la Inmaculada a quien nuestro Padre le dejará las riendas, como lo dirá... y hará.

Pero volvemos al secreto, “verdadero hilo de la Virgen para iluminar nuestra ruta mundial y llevarnos a la salvación temporal y eterna”.

Tercera revelación: el Paraíso de María. Del secreto todavía escondido en 1995, a pesar de las súplicas de sor Lucía reclamando que sea revelado a partir de 1960, dos frases son seguras: “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe”, y “al final mi Inmaculado Corazón triunfará...”

Durante el desate de las fuerzas del infierno, una tierra bendita permanecerá inviolable: el hogar de la Virgen María, la tierra, la casa, la familia de Fátima, “oasis de pureza, de frescura, de alegría y de devoción mariana, que será la vitrina del Paraíso en medio del infierno y del purgatorio de este mundo, a fin que ninguno de los hijos de María se extravíe y se pierda en aquellos difíciles años.” ¡Es por eso que era menester ir allá el 13 de octubre de 1996!

Sabiendo que “Fátima está en todos lados en donde algún alma, familia, parroquia, convento, nación adhiere a los mensajes del Cielo que son un catecismo católico total, y cumple las peticiones de Nuestra Señora, que son por su gracia, toda una práctica de la verdadera religión, que no cambia. Hay mucho espacio en esta 'nueva Jerusalén bajada del Cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su Esposo' en el día de sus bodas (Ap 21, 2-3).” El Corazón Inmaculado de María es en efecto un 'refugio' para todos, “siempre listo para acoger a los náufragos de este mundo[20], y es en su Ciudad Santa, 'Villa-María', que “se prepara la victoria definitiva del Corazón eucarístico de Jesús en Roma primero, y por ella, a toda la tierra”[21].

Justo un año antes del gran día de la peregrinación, el Padre de Nantes precisaba aún su sentido sobrenatural. Como nuestras tres diligencias a Roma (1973, 1983, 1993) revelando el drama de la apostasía romana, sirvieron todas, por nuestra abyección, a la gloria de Jesucristo, al igual esta peregrinación relámpago debe reflectar una preocupación pura de la Iglesia: nada humano que ambicionar ni codiciar, ¡ni siquiera satisfacción espiritual! Sería una verdadera Cruzada, “en ese sentido, muy preciso, de un viaje en ese bendito lugar, inspirado por la única idea que allá es un punto de encuentro seguro y cierto, de los fieles católicos, en vista de recordarle al Cielo que en la tierra no olvidamos lo que se dignó revelarnos y pedirnos que hacer y esperar, como también recordarle a la tierra que las advertencias del Cielo son todavía actuales”.

Por su lado, nuestro Padre se empeñaba, como si no debiera ni pudiera hacer nada por sí mismo, a ya no dejar de rezar por “la peregrinación de toda mi vida ofrecida a fin que acabara a los pies de mi Soberana, y servir en todo lo que quiera Ella pedirnos, o realizar en nosotros, para la mayor misericordia hecha al mundo y gloria de su Hijo Jesucristo”[22].

Mientras que su predicación exhortaba a “invocar a María cada vez más a menudo y con un fervor creciente”[23].

PUREZA POSITIVA.

Para alimentar nuestro entusiasmo de Cruzados eucarísticos, el Padre de Nantes nos comunicó la atracción de la 'pureza positiva' que debe conservar nuestras Casas y nuestras familias al abrigo de la corrupción de un mundo lujurioso porque, precisamente, abandonó el culto de Santa Eucaristía y de la Virgen María. Nuestro Padre demostró como el verdadero amor está totalmente centrado en Jesús y María, para ser olvidado de sí mismo, don, sacrificio, comunión. Predicaciones anti-Freud, anti-sida, fuentes de pureza y de humildad. Esta doctrina es tradicional, pero la novedad está en 'hacernos amar al amor' y amar de amor a Nuestro Señor y Nuestra Señora, en el espíritu de Fátima, de Santa Teresita del Niño Jesús y del Padre de Foucauld, pero también del 'doctor del amor' que fue San Francisco de Sales.

Y por eso en agosto de 1995, nuestro Padre podía escribir: “Los retiros, las conferencias, las meditaciones, nuestros 'Logia'[24], nuestras sesiones y nuestros campamentos han aportado piedras, materiales muy diversos, de los cuales no nos dábamos cuenta a que grado estaban preconcebidos para constituir algún día una catedral de luz. Ahora, hemos llegado en el momento de ajustar y de cimentar todo eso, a la gloria de María, Nuestra Señora del Rosario, de Fátima, cuyo mensaje, como el de Paray-le-Monial, nos es una revelación de verdad y de amor capital.[25]

En esta catedral de luz, con Santa Teresita del Niño Jesús, nuestro Padre elevó una magnífica estatua a San Francisco de Sales, al igual que a Santa Juana de Chantal, predicándonos el retiro de 1995 sobre su extraordinaria vocación[26]. Se aplicó primero en penetrar la vida de este gran santo de Contra Reforma. Y nos reveló su secreto: “la unión íntima de alma que vivió con Santa Juana de Chantal, en plena santidad y castidad, unión de la cual Dios fue el organizador y el ministro. Así de su 'único corazón' se explaya de inmediato, como una cascada, un inagotable amor de sus familias, de sus amigos, y después de esta fundación de la Visitación y, a través de ella, de todos los pobres, los enfermos, los humildes. ¡Fecundidad mística! [...] Sí, nuestro Padre nos lo supo retratar: San Francisco de Sales fue verdaderamente una 'imagen viva' de la caridad del Corazón de Jesús; imagen profética, puesto que su doctrina espiritual será el antídoto del protestantismo que se volverá jansenismo y se hundirá en el racionalismo.[27]

El año siguiente, nuestro Padre volvió al Padre de Foucauld[28], poniendo a luz su infancia probada, su lento caminar hacia la conversión, gracias a la mediación de su piadosa prima, Marie de Bondy, con la cual conocerá una santa amistad espiritual. Por su metafísica relacional y su 'pureza positiva', ¡nuestro Padre revuelca enérgicamente todas las teorías modernas que manchan esta afección sobrenatural! Estudia también la obra colonial y misionera de nuestro bienaventurado Padre, al igual que las verdaderas causas de su muerte, que lo vuelven un mártir de la fe y de la Cristiandad. Por medio de esas conferencias, nuestro Padre nos hace entrar en el alma de Carlos de Foucauld, con una rectitud de interpretación incomparable, ¡revelando en él un maestro espiritual y grandísimo misionero!

DOCTOR CATÓLICO Y  MARIANO.

En aquel otoño de 1995, nuestro Padre emprendió una serie de conferencias de metafísica[29], en la alegría de haber descubierto en el ocaso de la vida la maravillosa obra de un franciscano genial del principio del siglo catorce: Juan de Duns, apodado Duns Scot, muy poco conocido, calumniado a voluntad, declarado no obstante bienaventurado por el papa Juan Pablo II, el 20 de marzo de 1993.

Nuestro Padre puso en claro la perfección de juicio de Duns Escoto sobre los metafísicos de su época en la que las universidades pasaron, no sin protestar y tumultos, de la soberanía de la secular visión de fe, mística, a la dominación de la filosofía racional, aristotélica y... tomista. Nuestro santo resolvió esta antinomia, con serenidad, valentía y... verdad. Así, en pos del 'Doctor católico' y conforme a su 'ideal franciscano', el Padre de Nantes quiso “encontrar en nuestras Sagradas Escrituras y nuestros dogmas católicos, todos los principios, las ideas, el vocabulario necesarios a nuestra fe viva, a nuestra modesta familiaridad con sus misterios, y primero con nuestro Dios en la plenitud de su Circumincesión trinitaria”.[30]

Desafortunadamente, nuestro Padre no tuvo tiempo para acabar este estudio que lo interesaba al grado más alto. Unas pruebas terribles se lo iban a impedir. En efecto, las potencias infernales iban hacer todo para derribar nuestra 'catedral de luz', mientras que nos empeñaba a hacer de los trece meses que quedaban por recorrer antes del 13 de octubre de 1996, una verdadera y sincera 'Cruzada eucarística y mariana'.

LAS 'ESTACIONES' DE NUESTRA CRUZADA, DE LORETO A FÁTIMA.

Al término de un entusiasmante y magnífico comentario del Pater[31], el Padre de Nantes anunció que después de esta primera Cruzada, plenamente espiritual, seguiría una segunda, bajo la guía de Mons. Freppel[32], que sería “de política sacra en vista de la revolución nacional católica', en el rechazo de todo laicismo y de todo espíritu de adhesión a la República. ¡Será la prodigiosa resurrección de la Cristiandad! Tan cierto es que la 'alegría íntima' de Fátima no puede sino difundirse en 'evento mundial'. Era necesario una audacia y un santo celo para predicar la Cruzada en la Francia y en la Iglesia de 1995, supliendo a las autoridades deficientes.

Para jalarnos a ella “con un corazón ardiente y generoso” nuestro Padre nos puso bajo la gobierna de San Diego de Alcalá, cuya vida le pareció ser el modelo del Cruzado perfecto, según la antigua cautela: Reza - Comulga - Sacrifícate - Sé apóstol[33]. Esta fuerza de conversión y de apostolado, la encontraríamos en la fidelidad adquirida a lo largo de esos meses de preparación: “Con la sencillez de los Cruzados de antaño o de los Voluntarios pontificales, zouaves de Charette y de Sonis, nos podemos disponer a esta peregrinación como a la última y más esplendida etapa de nuestra vida: ¡Ver Jerusalén y morir! ¡Ver Loreto, Fátima y morir!

Después de las dos primeras estaciones: primero en la capilla de nuestra casa San José bajo la mirada de nuestro tan amado Padre Celestial, para meditar el Pater noster y saborear el Pan celestial, y luego a Nuestra Señora de Loreto cuya Santa Casa transportada por los Cruzados y protegida de los infieles por la victoria de Lepanto en 1571 se impone como figura profética de la Capelinha de Fátima, “hoy tesoro del Occidente”, nuestro Padre nos llevó en peregrinación a Nuestra Señora de las Victorias[34].

En efecto, el 10 de enero de 1996, el 'informe Guyard' sobre 'las sectas en Francia' [35] era publicado. Era la lista de los 172 movimientos pudiendo “ser calificados de sectarios” en el sentido fuerte, y presentando “una preocupante peligrosidad [sic].” Entre ellos, la “Comunidad de los hermanitos y hermanitas del Sagrado Corazón” (p.25), clasificada entre nueve “sectas pseudo-católicas”. Nuestra comunidad era designada así a la vindicta pública. Nuestra muerte estaba programada.

“¿Cómo decir mi angustia?

“Simple sacerdote e indigno, que viene en sospechoso denunciado por el Estado republicano laico y sectario más que cualquier otro, pero conjuntamente (!) 'descalificado' por la Iglesia postconciliar desde hace justo treinta años, fundador de una cofradía del Sagrado Corazón que gobierno desde hace treinta y ocho años y que estoy decidido a llevar con setecientos amigos a Fátima, entro en este Santuario, para encontrar en María Auxiliadora y Mediadora una doble palabra, un doble socorro que me aseguren por el pasado y que me empujen adelante sobre este camino peregrino, a mí, gurú declarado de una secta odiada, señalada como peligrosa por la Iglesia y el Estado reunidos...”

El 18 de enero de 1996, nuestro Padre fue en peregrinación a Nuestra Señora de las Victorias, para ponerse a sí mismo y sus obras bajo la protección del Corazón Inmaculado de María. Y ahí, descubrió al Padre des Genettes, “muy mal visto y maltratado durante toda su vida, sin contar un breve claro, además conocido como muy imperfecto, aún hoy, ¡e indigno de los altares! con ideas extremistas y con un carácter llevado hasta los más lamentables excesos, ¡y hasta a estallos públicos impropios!”

Eso dicho, ¿qué hizo este Padre de Nantes del siglo diecinueve? Después de haber oído una voz celestial ordenárselo, consagró su parroquia al Corazón Inmaculado de María, el 3 de diciembre de 1836, y tan pronto Nuestra Señora de las Victorias llenó al mundo con sus milagros. ¡Ah sí! pues nuestro Padre decidió, “le confié el asunto a este pobre Padre des Genettes, a este Señor apodado 'poco abordable ', y ya no me preocupo: nos obtendrá, a nosotros, más miserables que él, del Corazón Inmaculado de Nuestra Señora de Fátima, la victoria y la paz prometidas.”

En el mes de febrero, hicimos una estación con Nuestra Señora de Pontmain, donde nuestro Padre encontró en el Padre Guérin un nuevo apoyo, él quien “mereció que su parroquia fuera el objeto de las ternuras de María” y recibió la primera su mensaje de esperanza: “Mas recen hijos míos. Dios los escuchará dentro de poco tiempo. Mi Hijo se deja conmover.” Y los Alemanes refluyeron. ¿Acaso no es en Pontmain que aparecieron también, puestas sobres los hombros de nuestra Reina, dos crucecitas blancas y desnudas de las cuales R.P. Barbedette dirá que son proféticas? “Eso anuncia el Secreto de Fátima: antaño, los Cruzados llevaban semejantes cruces, puestas así. Eso anuncia nuestra Cruzada eucarística y mariana. Victoriosa porque la blancura es color de alegría y de victoria.[36]

Después, a medio camino de Fátima, se esconde en la roca de la gruta de Massabielle Nuestra Señora de Lourdes, que se apareció en 1858, como en exilio, lejos de los nuevos poderes y de las nuevas costumbres del París financiero, liberal y masón. Ahí se volvió a encontrar al pueblo de Francia, penitente y devoto, invenciblemente apegado a su Reina, en unión con el gran y santo papa Pío IX, recompensado por su proclamación en 1854 del dogma de la Inmaculada Concepción, y animado a denunciar la impiedad liberal, que anematizará en 1864 con el Syllabus. Es a los pies del Padre Peyramale que quiso hacer una 'estación': él también tenía un 'acceso difícil', ¡pero qué corazón[37]!

Una última estación nos hizo descubrir toda la verdad de Nuestra Señora de La Salette[38], Reconciliadora de los pecadores, cuyo mensaje es figurativo “del reino de María, segunda Mediadora de la humanidad redimida, que pasó primero para donar su hermoso Reino a su Señor e Hijo, Jesucristo, al honor de su muy único Corazón, fuente de misericordia y de amor por toda criatura”[39]. La Salette y Fátima se iluminan mutuamente  por sus dos secretos conservados escondidos, mas adivinados en su anuncio trágico de la apostasía de la jerarquía eclesiástica: “Roma perderá la fe y se volverá la sede del Anticristo.” Uno no puede perder la fe cuando se ve que la Virgen María previo y anunció esta apostasía.

En cuanto a nuestro Padre, confesaba humildemente identificarse en Maximin, en el momento en que caía la sentencia episcopal, obligándolo al exilio, como lo veremos en nuestro próximo capítulo.

BAJO EL ESTANDARTE DEL SANTO PAPA JUAN PABLO I

Todas esas estaciones convergen hacia el reino del Corazón Inmaculado de María, muralla contra la apostasía. Sólo nos faltaba un Papa, atestiguando la perpetua santidad de la Iglesia romana, al precio mismo de su vida, para proteger nuestra diligencia, y garantizarle su perfecta catolicidad: fue Juan Pablo I cuya bandera de tisú de oro fue confeccionada por nuestras hermanas y bendecida por nuestro Padre en la mañana en que se fue en exilio. El luminoso rostro de este Pontífice amado parecía prometernos para pronto un gran movimiento de fervor como el que despertó su maravillosa sonrisa durante un pontificado tan breve. Acaso no le había confiado a su amigo, don Germano Pattaro:

Si vivo, volveré a Fátima para consagrar el mundo y particularmente los pueblos de Rusia a la Virgen María según las indicaciones que Ésta le dio a sor Lucía.”

Fue asesinado. Sor Lucía reclusa en Coïmbra, nuestro Padre estaba en exilio. Por la misma razón. En ese sentido, estábamos bien patrocinados y fue con ánimo que, echando a un lado nuestras penas íntimas, cumplimos nuestra peregrinación a Fátima, el día indicado, en ausencia de su iniciador, raptado como los niños de Fátima por el Alcalde el 13 de agosto de 1917, mas con el espíritu y con las resoluciones con las que nos había impregnado. Cumplimos todas nuestras devociones en medio de un buen pueblo portugués, precedidos por nuestras banderas. El cardenal Ratzinger las vio, manifiestamente en misión comandada para ahogar el interés por el tercer Secreto y la divina pastoral dictada por el Corazón Inmaculado de María para el mundo de esta época, que la presencia de la 'gente de de Nantes' hubiera podido reanimar.

Fue una nueva revelación de los corazones, un ‘juicio’ claro para quien sabe leer. Nuestra primera Cruzada cumplida, volvimos, el corazón lleno de fuerza, ánimo y confianza, para entrar en el Reino de María.


[1] Cuaderno falangista: Nuestro Padre le había pedido a los miembros de la Falange que tuviesen un cuadernito a fin de anotar cada día los actos conformes a su adhesión falangista: 10 minutos de oración mental, rosario, misa, confesión, sacrificios...etc. Esto con el deseo de ir progresando cada día más en el amor a Jesús y María, cada quien según sus capacidades. Nuestro Padre hará suya esta recomendación, a la que será fiel todos los días.

[2] CRC n° 295, octubre 1993, p. 2.

[3] Lettre à mes amis n° 179 del 15 de agosto de 1964.

[4] CRC n° 296, noviembre de 1993, p. 1-16, et n° 298, janvier 1994, p. 2-18.

[5] 'La Circumincesante caridad divina'; cf. CRC no  297, diciembre de 1993, p.  13-24 ; no  299, febrero de 1994, p. 19-30 ; no  302, mayo de 1994, p. 9-20.

[6] Page mystique n° 90, p. 472.

[7] CRC n° 299, febrero 1994, p. 33.

[8] Lettre à la Phalange n° 46 del 1°  de enero de 1994.

[9] Pierre de Clorivière, contemporain et juge de la Révolution, París, 1926, p. 3.

[10] Lettre à la Phalange n° 47 et CRC n° 302, mayo de 1994, p. 33.

[11] S 124, retiro de otoño de 1994, 'Mysterium fidei'.

[12] CRC n° 305, septiembre 1994, p. 31.

[13] Sermón de las vísperas del 16 de octubre de 1994.

[14] Lettre à la Phalange n° 46 del 1° de enero de 1994.

[15] CRC n° 308, boletín especial de diciembre de 1994, p. 1-24.

[16] Ibíd. p. 35.

[17] CRC n° 309, enero de 1995, p. 31-36, las páginas siguientes dan amplios extractos de ello.

[18] Historiador y gran analista geopolítico francés a principios del siglo XX, miembro de la Acción Francesa. Desafortunadamente su irreligión le hará cometer varios desaciertos en su análisis de la historia de Francia, como por ejemplo una admiración por Catalina de Medicis o el cardenal Richelieu, en contra de la Austria católica.

[19] Estas palabras de Nuestra Señora se cumplieron cuando en 1925 vino a pedir la devoción a los cinco primeros sábados reparadores en Pontevedra, España. Como vendrá en 1929 a pedir la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado en Tuy, España.

[20] Carta de sor Lucía del 14 de abril de 1945, Fatima, salut du monde, p. 204.

[21] CRC n° 310, febrero - marzo 1995, p. 35.

[22] CRC n° 312, mayo 1995, p. 1-2.

[23] Ibíd. p. 3.

[24] Con 'Logia ', queremos decir las oraciones matutinas, las homilías de la misa de comunidad y las lecturas espirituales que nuestro Padre hacía grabar para nuestros amigos, para alimentar su vida interior. Las grabaciones eran enviadas a los que se subscribían.

[25] Lettre à la phalange n° 51 del 13 de agosto de 1995.

[26] S 127, retiro de otoño de 1995, 'San Francisco de Sales y su extraordinaria vocación'.

[27] CRC n° 316, octubre de 1995, p. 29.

[28] S 128, septiembre de 1996 'El amor a la escuela de nuestro venerable Padre Carlos de Foucauld'. Cf. nos 328-331, 333, 337, 339, 341.

[29] CRC n° 317, p. 29-30 ; n° 318, p. 33-34 ; n° 319, p. 31-34 ; n° 320, p. 11-24.

[30] CRC n° 320, febrero-marzo de 1996, p. 19.

[31] Lettre à la phalange n° 52 del 11 de noviembre de 1995.

[32] CRC n° 318, diciembre de 1995, p. 15-19. Cf. Mons. Freppel, por fray Pascual del Santísimo Sacramento: t. I, Sagesse et Alacrité, 1827-1870; t. II, Un évêque de combat, 1870-1880; en espera del tercer tomo. Fue el más grande de los obispos franceses contrarevolucionarios.

[33] Lettres à la phalange nos 53 et 54 del 13 de noviembre y 10 de diciembre de 1995, in CRC n° 318.

[34] Lettre à la phalange n° 55, CRC n° 319, enero de 1996, p. 1-4.

[35] CRC n° 323, junio de 1996, p. 1.

[36] Lettre à la phalange n° 56, CRC n° 320, febrero - marzo de 1996, p. 1-4

[37] Lettre à la phalange n° 57, CRC n° 321, abril de 1996, p. 1-4

[38] Lettre à la phalange n° 58, CRC n° 324, julio-agosto 1996, p. 1-30.

[39] Lettre à la phalange n° 59, del 21-22 de septiembre 1996.