La Contre-Réforme catholique au XXe siècle
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Punto 5. La religión de la Alianza

1. El falangista funda su esperanza sobre la palabra divina, revelación de la Alianza que Dios contractó en los tiempos más antiguos con los hombres, Alianza perdida y recobrada, quebrada sin cesar por el pecado del hombre, renovada incansablemente por la misericordia del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios de Jesucristo, el mismo Dios que el de los filósofos y de los sabios, vuelto cercano a los hombres y amigo de su felicidad.

2. La Biblia es la revelación de toda la historia santa de Dios con los hombres, del Génesis al Apocalipsis, revelación misteriosa del sentido de la existencia de cada uno y de todos. Es el único libro sagrado del falangista. Lo coge como lo recibió de su Santa Madre la Iglesia, en sus dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, el caduco y el definitivo, uno anunciando, preparando y figurando al otro, que es la plenitud sin decaimiento.

3. El Antiguo Testamento revela el gran designio de misericordia de Dios hacia la familia humana, su creatura decaída. Se le promete ya la salvación a Adán y Eva, en su descendencia. Dios pacta una alianza con Noé y su linaje, para siempre. En Abraham serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Y pronto la Alianza mosaica revela y realiza la elección de Israel, su establecimiento en la Tierra prometida y los dones divinos de una fe, una ley, un rey, una Ciudad Santa y de un Templo, de un culto querido por Dios y de una sabiduría inspirada, en la espera de una Nueva y Eterna Alianza. Ésta vendrá con el Mesías prometido, Jesucristo, Alianza abierta a todos los pueblos para todos los tiempos, culto en espíritu y en verdad, preparando la vida eterna del Cielo, consumación del amor de Dios con los hombres.

4. El falangista se sabe heredero legítimo del Israel antiguo y miembro de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo. Seguro de las promesas divinas y de su realización futura completa, medita la Biblia a la luz de la tradición y de las enseñanzas de la Iglesia, para conocer a Dios, sus designios de Sabiduría, sus voluntades de Misericordia, a fin de entrar en su reino ya en esta tierra y en el Cielo.

La Biblia permanece la forma inmortal de su pensamiento superior y de su oración mística.