La Contre-Réforme catholique au XXe siècle

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Nuevas secciones

Punto 22. Contra las frenesís de la carne: la pureza

El falangista acepta como regla de vida la pureza que prescribe la Iglesia, a cada uno según su condición; la ama, la estima, la recomienda. Sacará su fuerza en la vida de los sacramentos.

Punto 23. La alegría en la cruz

La inspiración mayor de la Falange se lee en la Faz de Cristo. Escucha las lecciones de su Sagrado Corazón y las encuentra ilustradas en la Virgen María con su Corazón Inmaculado. Venerará indisociablemente el Corazón y la Cruz de Jesús.

Punto 24. El don del Espíritu Santo

El falangista cree, con un mismo ímpetu del alma, “en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, en la comunión de los santos”. Nadie es verdaderamente discípulo de Jesucristo si no pertenece a la Iglesia que fundó y a la cual le dio su Espíritu.

Punto 25. La Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica

El falangista cree, con un mismo ímpetu del alma, “en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, en la comunión de los santos.”. Nadie es verdaderamente discípulo de Jesucristo si no pertenece a la Iglesia que fundó y a la cual le dio su Espíritu.

GEORGES DE NANTES
Doctor místico de la fe católica

18. Ni cisma, ni herejía

“Dios no quiere gobernarnos sino por la jerarquía [...]. La Iglesia no está en nosotros, subsiste en aquellos mismos que vemos ocupados en su ruina y que sin embargo creemos, en virtud de su jurisdicción apostólica, portadores de la gracia de Cristo.” Semejante fe en la Iglesia reafirmó a muchas almas desorientadas y tentadas de desesperación, hasta su propio maestro y profesor de seminario, el Padre Vimal...

17. El juicio jamás concluido

Al momento de clausurar la instrucción, el Padre de Nantes fue invitado a leer y contrafirmar el acta que había levantado el escribano eclesiástico. Pero éste, que era Italiano, manifiestamente no había entendido nada. Los jueces y el acusado estaban de acuerdo: este documento sin valor era inadmisible. ¿Qué hacer? ¿Quién sabría, en tres días, redactar un informe preciso, exacto, integral, ¡y sobre todo imparcial! de esas largas horas de sutil debate teológico? Sumamente perplejos, los jueces le confiaron este trabajo... al acusado. “Fue así que levanté el acta de mi propio proceso...”

Páginas místicas

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30. El canto del barquero dichoso

¿Oh Misterioso Esposo de mi alma, puesto que estáis celoso de poseer todo mi corazón, cómo no cesáis al mismo tiempo de ordenarme amar a mi prójimo como a mí mismo y más que a mí mismo, de la manera en la que me amaste y me amáis cada día, cariñosamente, dolorosamente, inmensamente? ¿No hay alguna contradicción entre esta custodia del corazón… y esta dedicación constante al querido prójimo…?”

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11. Sueño con un vuelo…

“¡Oh! si tuviera alas como la paloma, tomaría el vuelo e iría posarme; sí, muy lejos huiría, me establecería en el desierto: me apuraría en encontrar un refugio contra el viento de la borrasca y la tormenta.” ¡Es difícil quedarse en medio del mundo sin pertenecerle, aguantar las pruebas de la vida, vencer las tentaciones, sufrir contradicciones y persecuciones a causa de vos! ¡Es mucho mejor dejar todo para seguiros y demorar donde estáis!”

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10. ¿Por qué ese gran grito muriendo?

“¿Oh mi adorable Salvador…? ¿Era el sufrimiento en su paroxismo que os arrancaba ese grito, era un atroz y último esfuerzo para arrancar del infierno los condenados de la tierra, era el amor al Padre a quien encomendáis vuestra pobre vida y la alegría inmensa de regresar hacia Él? Ese solo grito… es el solo que nuestro Padre celestial oiga siempre, subiendo de la tierra hacia él como la oración más desgarradora.”

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4. Señor… soy el hijo de tu sierva.

“Oh Señor, soy vuestro siervo…” Miradlo que camina, como el Agustín de la visión de Ostia, a los lados de esta mujer anciana que lo guía. Como de Santa Mónica a su hijo por fin vuelto, pasa entre ellos tantas cosas, casi sin palabras, que acceden a las más altas certezas, en la visión de la fragilidad universal y de vuestra sola grandor, oh Maestro adorado.”

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42. “ Y fue tentado por el diablo. ”

¡Jesús! Habéis sufrido esta presencia de Satanás en el desierto, en una lasitud extrema, cuando ese ayuno de cuarenta días ya os había agotado. Os admiro, os adoro. El Otro, no lo he visto, creo, más que una vez en mi vida. Si era por vuestra permisión una manifestación real, si era representación natural de mi espíritu no sé. Lo importante es sacar provecho de ello para mi alma y las almas mías…

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33. Ecce Mater tua

“Oh Madre de Cristo, nuestra Madre, dejad a vuestro hijo bajar sus miradas de la espantosa vista de Jesús sobre la Cruz en las angustias de la muerte, hacia Vos para su consuelo…”

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25. ¡No los dejaré huérfanos… María!

“Oh dulce Salvador cómo no estar conmovido de ternura por cada una de vuestras palabras, pero tal vez más que por toda otra, por esta promesa que hacíais a los Apóstoles, para reconfortarlos en la noche del Jueves santo: No los dejaré huérfanos. Así no pensabais en vos pero en ellos en estos últimos momentos de vuestra vida.”