La Contre-Réforme catholique au XXe siècle
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Georges de Nantes.
Doctor místico de la fe católica

1. UNA INFANCIA PREDESTINADA

L A voz del canónigo Patritti se eleva, dulce y melodiosa, en la capilla de las pilas de la iglesia San Luis de Tolón, renombrada “el oratorio de la Marina”, de la cual es el párroco deán. “Y éste, Comandante, ¿no haremos de él un sacerdote?” Y el comandante de Nantes consintiendo en seguida a este llamado de la Iglesia:

Pues bien, Señor Canónigo, si es la voluntad de Dios, se lo damos. Sería para nosotros un gran honor.

Marc de Nantes y Marguerite de Joannis de Verclos

Marc de Nantes y Marguerite de Joannis de Verclos

La vocación de Georges Marie Camille de Nantes data del día de su bautismo, el 5 de abril 1924, tan clara que nunca conoció al respecto ni confusión, ni hesitación. Este signo de predestinación está liado a otro: aquel de haber nacido el 3 de abril1, en la familia de Marc de Nantes y de Marguerite de Joannis de Verclos, el tercero de cinco hijos.

“El hombre nace de una familia y jamás puede olvidarla, escribirá. Aquellos que le han dado a luz y le han conservado la vida le son aún más necesarios cuando, entrando en años, siente la necesidad de vivir para los otros y de entregarse a su gran tarea. El individualismo moderno trata de persuadir al hombre que no depende de nadie, que no debe reconocimiento a nadie y que es libre. El misterio familiar hace obstáculo a este lamentable delirio de orgullo […]. El rico pasado de donde venimos da su forma al porvenir que hacemos.2

Si eso es cierto sobretodo “de la Iglesia nuestra Madre, de la comunidad católica, nuestra familia”, lo es igualmente de nuestras familias naturales, cuna de nuestra educación. Aquella de Georges de Nantes es particularmente rica de tradiciones.

Marquesa de Verclos, su abuela

Marquesa de Verclos, su abuela

Su bisabuelo materno, vizconde de Aboville, fue uno de los fidelisísimos del conde de Chambord, y su abuela la marquesa de Verclos, jamás transigió sobre su legitimismo monárquico, en contra de toda adhesión pontifical; su tío abuelo, oficial de la 4ta oficina del estado mayor, había sido uno de los primeros en sospechar al capitán Dreyfus como autor del famoso “bordereau”; en cuanto a su padre y su madre, “católicos romanos y Franceses siempre“, no se movieron en su doble lealtad en 1926, cuando la Acción francesa fue condenada por el papa Pío XI.

“Mi padre entonces fue admirable. Sus convicciones persistieron, inquebrantables, puesto que ningún reproche los había realmente alcanzado. La angustia de la salvación de la Patria le imponía de permanecer fiel a la Acción francesa que sola desde ese momento, aislada y debilitada, se consagraba a la defensa política de la Nación. Se guardó sin embargo de cualquier revuelta o invectiva, y le gustaba repetirnos las palabras de Maurras: “Es un pleito pequeñito en la historia de la Iglesia y de su beneficio secular.” Fiel a los verdaderos defensores de la Patria, no permanecerá por eso menos fiel a la Iglesia, respetuoso de sus miembros y listo a recibir con sumisión todas las sanciones que juzgaran bueno imponerle. A nosotros que éramos niños, se aplicó en transmitir su fe y sus convicciones sin advertirnos prematuramente de la discordia que aguantaba. En los colegios católicos a los cuales nos confiaba, nos oíamos decir a veces que nuestro padre era herético, cismático, y sin embargo no conocíamos a nadie en nuestro alrededor que sea más abnegado, generoso para las obras de la Iglesia, escrupuloso en su fe y su obediencia, respetuoso hacia esos mismos sacerdotes que lo decían… ¡excomulgado!3

Es así que nuestro Padre escribirá: “Encontré en mi cuna lo esencial de lo que hará mi alegría y mi cruz durante esta vida, pero espero mi gloria en la otra.4

EL EXACTO VALOR DE LAS COSAS.

Rochefort, Bicerta, Tolón, Brest, marcaron, a medida de las afectaciones del comandante de Nantes, las etapas sucesivas de su feliz infancia.

“En Tolón, en 1934, un poco antes, un poco después, era la belleza que nos salpicaba, aquella del mar, de las montañas cercanas, esta Provenza marítima con juegos de colores bien hechos para maravillar ojos jóvenes, con los olores fuertes, con los zurridos de cigalas embriagantes en el calor seco de los olivares, con los susurros de aguas vivas de los canales de irrigación bajo las murallas de ciprés y a lo largo de los pasillos bordeados de plátanos. Bastaba con subir al Faron y, de allá arriba, voltearse para tener una vista magnífica.

Georges de Nantes

Georges de Nantes

“Las imágenes me vuelven, claras como toda belleza mediterránea debe ser. Teníamos ahí, silenciosa y casi inmóvil, una harmonía de naturaleza, de civilización y de nación de una esplendorosa perfección. La ciudad estaba a nuestros pies, más lejos el puerto y el arsenal. En la rada, sabiamente dispersados en sus arcones de amarradero, los navíos de guerra, líneas totalmente estéticas, como galgos acostados, durmiendo con un ojo, listos para la carrera […]. ¿Por qué el entusiasmo, el fervor, la tentación nunca me rozaron de ser marinero, oficial de marina? ¿Por qué la sotana raída, luciente de usura, de los buenos Padres me conmovía más que el uniforme azul marino, el casquete de oficial superior y sus galones de oro?…

“En el fondo, nuestros padres poseían a un grado raro el don de ciencia, aquel que da el conocimiento y el sentimiento fuerte del exacto valor de las cosas, o, si se quiere, de su vanidad esencial.5

Y el niño comulgaba espontáneamente a ese sentimiento:

“¿Cómo un niño puede pesar así el mundo y encontrarlo ligero?”

Respuesta: es un niño predestinado.

Respecto a los Padres maristas de Tolón, como a todos sus educadores a los cuales sus hermanos y él fueron confiados, escribe, con un recuerdo lleno de emoción: “Ellos son los que me hicieron, a fuerzas, lo que soy de bueno.6

“En Tolón, no era una infamia ser mal notado, los buenos Padres estaban más preocupados de formación cristiana y de piedad… Digamos que dejaban venir a ellos los niñitos. Y yo los amaba ¿cómo hacer de otra manera? El Padre Giraudé, que nunca volví a ver, desde que lo vi, le hallé la cara de Jesús mismo, y desde ese día lo respeté y amé como Jesús en la tierra. El terrible Padre Bousquet, que tenía una manera de torcer la oreja para arrastrarnos de rodillas al rincón, y gritábamos: ¡ay! ¡ay! tenía ojos tan buenos, tan dulces, que sus ferocidades le eran inmediatamente perdonadas […]. Aquel que más amé, es al Padre Nodet […]. Como tenía una inmensa y tierna devoción a la Santísima Virgen, transfundió en mí.7

En “esta alegría pura de paraíso terrestre”, el niño percibía sin embargo los ecos del gran combate del infierno contra el Cielo8.

“La procesión de 1936 tenía que ser la más bella […]. El Padre Roman había edificado un altar de estación en contrachapado, en el patio de los chiquitos, tal como nunca vimos cosa semejante […]. Estábamos a los pies de esa famosa estación. Mientras que nuestras voces cantaban el Tantum ergo, luchando con el himno de adoración a Jesús Hostia, desde la plaza de la Libertad cerquita desaferraba hasta nosotros, amenazante y profundo, dado por la masa de los obreros del Arsenal en huelga, el refrán de la Internacional. Lo tengo en la oreja: ¡La Inter-naciona-a-l será el género humano!

Comandante de Nantes

Comandante de Nantes

“Francia era bella, sí. Las familias que encontrábamos en la playa de la Marina eran seguramente distinguidas y de encuentro agradable. La flota era sin duda la más poderosa del mundo. Cuando unos equipajes desfilaban boulevard Estrasburgo, seguidos por los tiradores senegaleses, en la embriaguez de las músicas militares y de las filas de banderas gloriosas, nos estremecíamos de orgullo. Todo eso era bello, bello, bello. Pero desbordando, rodando esas cosas preciosas como lo hacen con los restos las olas del mar, la Internacional era la más fuerte, su odio dejaba desarmado ese mundo y yo lo veía bien, por cuál gracia intima yo no sé.”

Sólo existía, encima de nuestras cabezas, la Hostia blanca en la custodia de oro, nuestra fuerza, nuestra esperanza, Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, delante del cual el comandante de Nantes se quitaba la casquete de cinco galones de oro y se arrodillaba en verdadera adoración, ante Aquél sólo por él cual es bello vivir y vale morir. Yo sabía que sería sacerdote, lo que era entrar al servicio del único maestro que no decepciona, o más bien, el Único que sepa comandar y conducir su navío al puerto, en gran empavesada, victorioso.9

Este pequeño Provenzal con los ojos atentos y las orejas abiertas sobre la belleza de los seres que lo rodean y lo sumen en la admiración, es un alma mística: la mirada de su corazón se concentra en el acto sobre el punto más luminoso de su universo, sobre Jesús Hostia, fuente de toda belleza, de toda vida y de toda sabiduría.

EL NIÑO QUERIDO QUE ABUSA DE LAS BONDADES PATERNALES.

La marca de autenticidad, de verdad de esta vida mística, es el cuidado que toma en subrayar en sus Memorias y Relatos, las zonas de sombra que vienen de sus vicios de niño rebelde, de niño tramposo, abusando de la gracia, a fin de poner en valor la salvación que la Santa Eucaristía trae a las almas pecadoras, a las almas comunes, entre las cuales se coloca humildemente… Así, evocando Bicerta donde sólo tenía cuatro años, nuestro Padre cuenta:

“Es en ese paraíso de mi infancia que cometí mi primer pecado. Me está presente, él, en todas sus circunstancias físicas y morales, inmutable desde hace justo cincuenta años.

A las diez, le darás estas tres galletitas a Bruno, me dice mamá en el momento de irse hacer las compras.

“Pronto tengo ganas de esas miserables galletas. Pienso que podríamos compartir. Bruno juega sobre el tapete. Dos para mí que soy grande, uno para él que es chiquito. No me acuerdo de su querida cara, porque aquella del mañana lo ha cambiado y así día tras día hasta esa última vez que lo vi, tan dulce, tan bello, dormido en la espera de la resurrección10. Es entonces que el diablo me inspira la infamia. Calculo: Bruno es demasiado joven para contar todo a mamá, no corro absolutamente ningún riesgo. Entonces, tranquilamente, le doy una galletita y nos comemos juntos nuestras galletas.

“Mi conciencia me dice: ¡ladrón! malo, cruel, ¡hermano sin entrañas! Pero la retengo bien cerrada y la ahogo. Mamá regresó, la mentira se agregó, como previsto, al otro crimen. Ya sabía lo que era el pecado y había oído hablar del pecado mortal. Me preguntaba hacia mediodía qué sensación debería sentir en el momento en que la vida iría retirándose de mí. Pensaba que iba a morir. Pero como mis humores se mantenían firmes en la tarde a pesar de mi enorme pecado, un último sentimiento vino agregar su malicia a las otras vergüenzas de ese día nefasto: pensé que no se muere de eso y empecé ¡ay, Dios mío! a ya no temer tanto el pecado.

“He ahí como la falta se instaló en mi corazón, entre las flores y los frutos de mi Bicerta de paraíso, introduciendo su perfidia entre mamá y yo, Bruno y yo, entre Dios y yo. Como no era un buen niño, con un corazón puro y tierno, nunca me acusé de mi falta a mamá, no tuve ninguna lágrima de contrición y la confesión esperará mucho tiempo, hasta el día lejano de mi primera confesión.11

¡El episodio de la ‘ficelle’12 sin sal, pan de régimen” comprado en contrabando en la panadería es él también… sabroso!

“Una vez, mamá me manda hacer las compras a las Roches-de-Condrieu. Me voy con entusiasmo. En diez minutos estamos en Saint Prim, bajada rápida en las viñas de las Côtes-du-Rhône y además, las compras, es agradable. En la panadería un pan me fascina, dorado, que ya me cruje bajo los dientes.

-¿Y con eso?

“Designo a la panadera el objeto de mi concupiscencia. Ella sorprendida:

-Es pan de régimen.

“Yo, hundiéndome en mi mentira, mi robo, mi descaro:

-Sí, es eso.

Veinte y cinco céntimos.

“El tiempo de atravesar Saint-Clair, y me siento sobre un murito en medio de las viñas, para comer mi hermoso pan crujiente aunque, un poco avergonzado de este placer solitario. ¡Ay! ¡ficelle sin sal, pan de régimen! Cruje bajo los dientes pero no tiene sabor y heme ahí castigado. Trato de persuadirme que está bueno, y también que un almuerzo sin sabor está, por el hecho, sin pecado. Es sofocante. Me esfuerzo. El resto en tres pedazos escondido en el fondo de mis bizazas, regreso. En la cocina miento sobre el precio de la mantequilla y de la carne, me embrollo, enrojezco. Pero me creen. Me quedará los días siguientes a comer en mi cuarto esos cortezones duros como madera en deber de vacaciones suplementario. Castigado por haber pecado. Y esa vocecita burlona, ligera, que detesto porque es lo mejor de mí, dentro de mi corazón: “¡Bien hecho para ti! ¡imbécil, pan de régimen! confesión el sábado. 13

Es así que, confesión y comunión sucediéndose, los sacramentos de la Iglesia forjaron un alma fuerte, puesta aparte. La educación de su madre, tan sabía, tan lúcidamente atenta, y con una rara energía, no fue en ello extranjera.

“HIJO DE VUESTRA SIERVA”

“Ponía un freno a mi apetito desrazonable de escribir cartas y de recibir muchas de mis amigos:

Tu correo de ministro!

“Como a ese prurito de salir, de ir a casa de los otros, de sentirme bien ahí, de ya no volver de ahí:

¡Cómo! ¿Es sólo ahora que regresas?

“Y de precipitarme sobre el periódico:

¡Pon primero la mesa!

“¡A la larga, es pesado! ¿A bueno, y para quién? Era amado; y me sorprendía, me entristecía, me irritaba de no serlo mientras que de ello contrariaba sin cesar el movimiento con dramas incesantes…14

Hasta el día en que ese hijo amado confiara en toda verdad: “Lo que sus ojos no han querido mirar, lo que los han llenado de inquietud y de lágrimas, Dios mío, lo sabéis, lo he despedido. Si vamos así, rodeados de innumerables y dulces presencias, bajo vuestra mirada, es que todos mis amores han revestido el traje de bodas, han merecido la afección de mi madre.15

La educación del corazón va a la par con aquella de la voluntad. “Os oigo aún, en 1937, en 1938, en 1939, la misma antífona: “¿Esta tarde, ¡calurosa! podríamos ¡al condicional! arrancar la hiedra del muro de la terraza? ¡No lo pensáis! ¡Nos vamos a morir! “Podemos al menos hacer un poco, hasta la merienda… ¡Vamos, vengan pues!” Habéis cogido la cizalla, y nosotros cada quien una vieja herramienta cualquiera. Os ponéis vuestros miserables guantes de cuero usadísimos, los dedos agujerados, y cogéis esos bejucos de hiedra pegados a la piedra, enraizadas al infinito. Y jaláis, y nosotros jalamos; y cortáis, y nosotros cizallamos. ¡Agotante! ¡Parece que os divierte! Aflojamos, nos disputamos; y seguís sola, el rostro rojo, poniendo cien veces en su lugar la mecha de pelos que os cae en los ojos. ¿Pero qué es lo que os rabia pues?

¡Pues bien! Es que había que hacerlo, porque la hiedra roe los viejos muros.

“O entonces, era harina de otro costal: “Habéis cortado el gran tilo de la reja; bien pero habría que descepar…” ¡Pero mamá, es una locura! ¡No podemos! “Sí, vengan pues…

el castillo familiar de Chônas

El castillo familiar de Chônas

“Y heos aquí a encarnizaros contra esta cepa con una especie de furor, de odio: ¡A muerte, la cepa! Y nosotros, obligados a seguir ¡presidarios qué! abriendo alrededor, cortando las enormes raíces con hachas melladas, desarraigando, arrancando. Duró meses, todo un verano. Finalmente la vencisteis. Y nos vencisteis también, porque al final nos aficionamos a ello. Y, a las 4h, una gran rebanada de pan con una barra de chocolate, y agua de la fuente bien fresca ¡es rico!16

Por su alacridad y su alegría perpetua, la señora de Nantes logró trasmitir a su hijo el gusto de la verdad y la fuga de todo lo que es vano. Es así que, en su memoria, el castillo familiar de Chônas permanecerá “no una casa de corrección, pero de educación, donde todo era según el corazón de mi madre y detrás de él, cerca de él, el corazón de mi padre que me decían el Corazón de Dios17“.

EL ABURRIMIENTO SALVADOR.

Glux

Glux

“Del primero de julio al primero de octubre, las vacaciones eran largas en aquél tiempo, y monótonas. Interrumpidas por la magnífica estancia en Morvan, en casa de nuestra abuela, las pasábamos en Chônas. El regreso de Glux marcaba el fin de las grandes distracciones, y el principio de los deberes de vacaciones. Chônas estaba sobre las colinas bordeando la llanura de Vienne, un pueblito que me parecía sin encanto, un gran castillo para nosotros solos cuya belleza me parecía ordinaria ¡cómo si cada quien tuviera su castillo familiar! y cuatro chicos que una hermanita vendrá tarde alegrar, endulzar con su ternura y su alegría perpetua.

“Era pesado regir, divertir, educar, para una esposa de oficial la mayoría del tiempo sola teniendo que dar cara a todo. Y por eso mamá hacía venir de Marruecos cada año la señorita de Otaola para ser la institutora de esta banda de cuatro, no siempre dócil. Miro a través el vidrio del recuerdo esta quincena de veranos sucesivos; han conservado su calor de vacaciones en familia simplemente felices, con un no sé qué de impalpable aburrimiento, como una pátina de viejos muebles, incrustada ¿y por qué? Aburrimiento salvador. Veamos eso.”

Chonas

Chônas

Con los grandes trabajos “que dan hambre y sed”, la cosecha, para ayudar a los hombres en la granja, había los inevitables deberes de vacaciones. “¡Qué aburrido era! ¿Por qué? Me lo pregunto hoy, porque recuerdo el placer, el interés que encontraba en la lectura de los temas, a la llegada de los textos que traducir o de los problemas. Pero desde el momento en que me ponía a ellos una capa de pereza me paralizaba los meninges y me arrastraba horas en ejercicios fáciles que mi hermano Pierre hacía en cinco minutos, divirtiéndose…

“Por fin, un grito: ¡Mediodía! ¡El ángelus sonaba la liberación, y ni modo si nada estaba hecho! Recuperaría…mañana. La comida era entonces una fiesta. Siempre. Mamá era, es de un inalterable buen humor, ella que se había ajetreado en la cocina, en el aseo, ella que no paraba durante todas las vacaciones y a quien le gustaba atraernos a los trabajos más duros. Jamás los regaños necesarios dejaban en ella el menor resentimiento. Cachado, castigado, el delito expiado, todo estaba olvidado. Y hablábamos de otras cosas, interesantes, instructivas. Sobretodo cuando Papá estaba aquí, nuestras comidas estaban llenas de encanto, de interés, de alegría. Ahí aprendí, sin esfuerzo, el principio y el fin de todos mis conocimientos.18

SI EL CIELO ES ASÍ…

“Las bellas tardes de verano, nos sentábamos todos, apretados, sobre el banco de la biblioteca, bajo las ventanas del despacho de papá, vieja piedra caliente del sol de mediodía. Mirábamos anochecer, las estrellas prenderse en el cielo y en el fondo de la llanura la luciérnaga, en la carretera, de los autos subiendo hacia Lyon. Como veríamos, años más tarde, los aviones aliados ametrallar los convoyes alemanes refluyendo en retirada… Hablábamos de la guerra, frecuentemente, cuya amenaza, invisible a los otros, nos era sensible. Papá se paseaba sobre la terraza con algún confidente de una tarde, y acabábamos por no ver más que el punto rojo de su cigarro resbalar lentamente en la noche. Nuestra mano en la suya ¡oh! esos gestos de ternura retenida, nos contaba recuerdos de Madagascar y de antes de la otra guerra, o bien filosofaba y la profundidad de su fe nos lo hacía amar más y admirar inmensamente.19

Más tarde, nuestro Padre verá en esta harmonía familiar, admirablemente jerarquizada y vivificada por el amor filial, el símbolo de la Paternidad divina, y la cantará en una “Página mística” inolvidable:

“Uno habla con una admirable serenidad, el otro escucha y no responde más que para cuestionar de nuevo o volver a decir y prolongar el pensamiento de su padre. Sin pupitre y sin cátedra ni bonete de doctor ni férula, es el coloquio de un maestro y de un discípulo, es un acuerdo de dos espíritus hechos el uno para el otro y como dado a luz el uno del otro con la carne y la sangre. Padre es una bellísima palabra, majestuosa. Hijo no lo rebasa en nada, brilla de semejante honor… Los dos saborean las mismas verdades a medida que éste las saca de la masa de sus recuerdos y meditaciones, y aquél se apodera de ellas y las recoge para nunca más olvidarlas… Hasta el alba, amarían conversar así con grandes momentos de silencio donde su perfecta inteligencia ya no necesita más palabra.20

Antes que sobrevenga una tercera persona, “su guion”… Pero es otra historia…

“Los niños se iban a la cama a las nueve. No tenían ninguna gana de ello y eran dulces suplicaciones a las cuales cedían un poco, un poco más. En fin, abrazábamos a todo el mundo, sí, todos se abrazaban, aun los que se habían disputado y peleado el mismo día. Porque tal era el rito al cual nadie faltaba, como mañana en la mañana nos abrazaríamos haciendo la vuelta de la mesa. Y aun si teníamos ganas de morder a ese querido hermano que…, nos contentábamos de mimar un gesto medio mordisco, medio abrazo de perdón. Como la oración en familia, eso ponía las cosas en su lugar y los corazones en paz, por la dulce fuerza de las instituciones donde se exprimía lo que hay de más profundo, sin consideración a los caprichos y desarreglos del instante.21


[1] Ese mismo día moría madame Royer, confidente del Sagrado Corazón.

[2] Lettre à mes amis no 37, verano 1958.

[3] “El capitán de buque de Nantes, mi padre“, Lettre à mes amis no 165, du 23 février 1964.

[4] La Contre-réforme catholique au xxe siècle, no 110, octubre 1976, p. 3.

[5] Mémoires et Récits, t. I, p. 67-70.

[6] CRC no 6 (suppl.), mars 1968, p. 15.

[7] Mémoires et Récits, t. I, p. 63.

[8] Il est ressuscité no 15, octobre 2003, p.15.

[9] Mémoires et Récits, t. I, p. 71-72.

[10] Le consagró a este hermano amadísimo, Bruno de Nantes, muerto en predestinado el 6 de octubre de 1966, dos bellísimas páginas en la Lettre à mes amis no 235, p. 6-7.

[11] Mémoires et Récits, t. I, p. 44-45.

[12] Barrita de pan muy fina llamada ficelle.

[13] Ibid., p. 84.

[14] Ibid., p. 82.

[15] Página mística n°4, “Señor, soy el hijo de vuestra sierva“, p. 21-23.

[16] Mamine p. 106-107. Esta deliciosa compilación de recuerdos del padre de Nantes sobre su madre fue editada por la comunidad después de la muerte de la señora de Nantes, sobrevenida el 10 de octubre de 1988.

[17] Mémoires et Récits, t. I, p. 82.

[18] Ibid., p. 73-76.

[19] Ibid., p. 79.

[20] Página mística n°38, “Si el Cielo es así”, p.157-160.

[21] Mémoires et Récits, t. I, p. 80.