La Contre-Réforme catholique au XXe siècle
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Punto 96. Los medios de una política extranjera nacional

No hay política extranjera digna de ese nombre sin los medios militares para apoyarla y para defender nuestros intereses.

El jefe de Estado ejercerá pues el mando supremo de los ejércitos de tierra, mar y aire. Porque la seguridad, la independencia, la potencia y la paz del reino constituyen la libertad de todas las libertades, la condición de la perennidad de la nación y de todos los suyos, individuales y colectivos, materiales y espirituales, la función guerrera es la primera de sus funciones.

1. La guerra es el estado natural de los pueblos. Guerra fría, se prosigue bajo la sombra del espionaje, en la competencia económica, en la extensión de las zonas de influencia. Guerra declarada, tiene que prepararse largamente, declararla súbitamente, llevarla fuertemente, heroicamente, y saber terminarla felizmente con tratados sabios y difíciles, sino suspenderla a bajo coste. Es un arte soberano que se ejerce en todo momento.

Solo una autoridad soberana independiente y legítima puede decidir y hacer admitir a sus pueblos el esfuerzo militar necesario, en vista del bien común futuro, que a menudo opone sus exigencias pesadísimas a los intereses particulares e inmediatos que consideran y halagan únicamente los poderes democráticos. Un ejército democrático es una contradicción en los términos.

2. Sólo una autoridad soberana puede exaltar la gloria y las virtudes militares, el heroísmo, la pasión de la victoria, y sin embargo mantenerlas a la orilla, firmemente, por la prudencia política, el sentido del bien de la paz, la economía de la sangre derramada y de las ruinas.

3.El jefe de Estado amará a su ejército, será su jefe indiscutido, permanente, cercano de la tropa. Le dará gloria utilizándola en misiones justas, manifiestamente benéficas para el país u otros que nos pedirán ayuda. En ella, la nación reconocerá su grandeza histórica. A la vez jefe civil y militar, el jefe de Estado reconciliará al ejército y a la nación.      

Así nuestro Ejército será liberado de esta tutela que lo deshonra, de esta sospecha infame y de la degradación que le imponen los poderes democráticos que la mantienen, “la gran muda”, a un lado de la política y de la vida profunda del pueblo francés por miedo al golpe de Estado… ¡liberador! El soberano, él, no puede temer nada de ella; al contrario, la vuelve la primera depositaria, en paz como en guerra, del honor, de las tradiciones, de los grandes designios de la nación. Pero sabe exigir de ella un comportamiento ejemplar que ayudará a toda la nación a recobrar el sentido de su vocación particular, de sus virtudes, de su grandeza.   

4. El ejército es el último recurso de la autoridad soberana contra la agresión del extranjero, contra la subversión que soborna y arma al interior. El ejército es la muralla del jefe de Estado, ella le es fiel porque lo sabe fiel a la nación.