La Contre-Réforme catholique au XXe siècle
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Punto 86. El empirismo organizador

La política es la ciencia y el arte que pretende dar a luz, hacer existir, prosperar, durar las sociedades humanas en vista de permitirles acceder a la civilización y ahí elevarse, en el orden y la paz sin los cuales no aparecen ni subsisten ninguno de los bienes. Tras haber visto los principios del poder político, lo que debe ser, su meta, su legitimidad, ahora vamos a abordar el arte político, más concreto, más práctico. Asesta las decisiones coyunturales, la acción de gobernar en toda nueva situación, y entonces las funciones del jefe de Estado en la vida de la nación.

Cierto, la política es una gran cosa divina, por la cual también la Providencia piensa gobernar a las naciones y les permite participar a la verdad, a la gracia, a la belleza del reino de Jesucristo. Si al contrario se escapa de Dios por la rebelión de los hombres, es un instrumento poderoso para su desgracia y su eterna perdición.

Pero no deja de ser una ciencia humana accesible, un arte practicable, una función en la sociedad, un trabajo que realizar bien, un empleo que realizar correctamente por los que están designados, formados a ello, bendecidos por Dios, aceptados por el pueblo y dichosos con su papel.

Releva pues de este empirismo organizador definido por Maurras cuya regla de oro consiste en saber el bien y el mal políticos analizando el presente a la luz del pasado, para prever a donde se va, a fin de proveer las mejores soluciones (A. Comte). De este método se induce una sabiduría política profundamente anclada en la historia nacional, libre de todos los a priori ideológicos, como de toda pasión democrática –es un empirismo, y sin embargo capaz de tomar decisiones claras y dar las razones­– este empirismo es organizador.

No podemos pues aquí trazar los grandes ejes de un levantamiento nacional. Su aplicación relevará de las circunstancias. La autoridad soberana tendrá que tomar en cuenta con el mayor realismo de las disposiciones de su pueblo, de sus capacidades, en particular humanas y financieras, de la conjetura internacional tanto política como económica. Además, deberá mostrarse prudente, buscando antes que nada en asegurar la cohesión nacional y la vida cotidiana de su pueblo.

Si se no es imposible, en la hora actual, imaginar el contexto político y económico, internacional, del triunfo del Corazón Inmaculado de María, no por ello deja de ser necesario para el levantamiento nacional que se haga la reforma de las instituciones y de la política gubernamental que tendrá el ideal que vamos a exponer.