La Contre-Réforme catholique au XXe siècle
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Punto 24. El don del Espíritu Santo

1. El falangista cree, con un mismo ímpetu del alma, “en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, en la comunión de los santos.” En efecto, es a la Iglesia católica, que estaba fundando, y a ninguna otra, que Jesús le anunció el Espíritu Santo que está en el Padre, para que prosiga su obra y la extienda a toda la tierra y a todos los siglos. Esta presencia del Espíritu invisible de Dios en la Iglesia visible, objeto de fe, se da claramente a conocer por los frutos tangibles, verdaderamente milagrosos, de su propio poder.

Del mismo modo que nadie puede ir al Padre sino por el Hijo, fuera del cual no hay salvación, del mismo modo nadie es verdaderamente discípulo de Jesucristo si no pertenece a la Iglesia que fundó y a la cual le dio su Espíritu. Porque si es cierto que el Espíritu sopla donde quiere y nadie lo para, si nada lo limita en la infinita perfección de su naturaleza divina, no obstante, tercera Persona de la Santísima Trinidad, procediendo del Padre y del Hijo como de un mismo principio, se sitúa en la continuación de la Encarnación el Espíritu de Jesús, enviado por él a sus amigos para continuarlo, sin división, alteración ni ruptura.

2. El falangista pues no sabría oponer el Espíritu a la Iglesia; sabe reconocerlo en ella, como siendo su alma: divina, que Él suscitó, conservó y expandió en todo lugar, todo tiempo, que para ello la organizó, jerarquizó, fortificó y santificó sin medida, volviéndola la comunión de los santos fuera de la cual no hay salvación alguna.

Él es el lazo de amor, en Cristo, entre hermanos, vivos y difuntos, es él quien reúne a todos los redimidos en un verdadero cuerpo social del cual Cristo es la cabeza, humanidad nueva vuelta esposa mística del Hijo de Dios, a la semejanza de la Virgen María quien fue, la primera y más que cualquier otra mujer, templo del Espíritu Santo, esposa del Verbo, hija de predilección del Padre celestial.

El falangista se acuerda de San Cipriano: “Nadie tiene a Dios por Padre que no tenga a la Iglesia por madre.”